Por Carlos Clemente
El alcalde Roberto Solís Valles, ha preferido violar la ley y mantener el jugoso negocio que le representa una decena de tienditas con traspatio en los alrededores de la Universidad Tecnológica de Huejotzingo, donde además de alcohol en grandes cantidades también circulan sustancias prohibidas.
Optó por hacerse como el tío Lolo y dejar que sigan funcionando los bares disfrazados de misceláneas a pesar de que la rectora Mirna Toxqui Oliver y el propio gobernador Alejandro Armenta le han demandado aplicar la ley.
El turbio negocio del varguitas ha quedado al descubierto.
Se trata de al menos una decena de tienditas con traspatio que funcionan en los alrededores de la UTH, todas venden cervezas y botellas indiscriminadamente de lunes a viernes. Funcionan desde temprano y hasta después de las 21 horas.
Al decir de vecinos, diario hay riñas y escándalos, toda vez que además hay consumo de drogas diversas.
Casi nunca hay vigilancia de la Policía Municipal y cuando llega a pasar una patrulla se hace de la vista gorda.
El colmo del cinismo es “El Charro”, un antro-tiendita ubicado justo frente a la entrada principal de la Universidad, a 20 metros.
Roberto Solís ha prestado oídos sordos a este problema, pese al reclamo de autoridades educativas, vecinos y padres de familia.
Para el alcalde lo importante es facturar.
Por sus pistolas, ignoró el oficio que le dirigió el pasado 31 de enero la rectora Mirna Toxqui Oliver en el que le solicita textualmente “hacer cumplir la Ley para la Venta y Suministro de Bebidas Alcohólicas”. La dejó en visto.
El mismo tema fue abordado personalmente el 12 de febrero pasado, cuando ambos signaron un convenio de colaboración.
La venta indiscriminada e ilegal de alcohol representa un grave problema de salud pública e inseguridad, le habría advertido. La volvió a dejar en visto.
Nada hizo al respecto el cínico alcalde.
Lamentablemente la negligencia del presidente municipal ya tuvo consecuencias.
El 20 de febrero, tres estudiantes alcoholizados tuvieron un accidente automovilístico, Diego de 22 años de edad resultó gravemente herido y falleció el viernes pasado.
El lunes, cuestionado al respecto, el gobernador Armenta llamó a los presidentes municipales a asumir su responsabilidad, no ser omisos ni otorgar permisos, y verificar el funcionamiento de esos negocios.
Roberto Solís seguramente sigue de carnaval porque nunca hizo caso al mensaje. También lo dejó en visto.
Es la hora que no ha cerrado un solo bar en la zona. ¡Salud, presidente! @NR





