Por Carlos Clemente
En Puebla, la LXII Legislatura, dominada por Morena, pretende hacer de la imposición y la improvisación su estilo legislativo. La mayoría oficialista no ha superado la curva de aprendizaje y sigue sin entender un principio básico: legislar no es imponer, es escuchar.
Pero no lo hacen. La mayoría en el Congreso poblano insiste en aprobar leyes sin consultar a los ciudadanos, sin dialogar con los sectores involucrados, sin construir consensos.
En su afán de cumplir con la línea, legislan al vapor, atropellando derechos y pasando por alto la legitimidad social que toda ley debería tener.
El Congreso previo, aprobó el 89% de las iniciativas del Ejecutivo, mientras que el 80% de las propuestas de los propios legisladores quedaron empolvadas, sin dictaminar. En Puebla, la obediencia ciega pesa más que el debate.
La historia se repite con iniciativas como la llamada “Ley Chaleco”, que impone cascos y chalecos con calcomanías oficiales y otras medidas con el pretexto de combatir los delitos.
La reforma a la Ley de Movilidad criminaliza a todos los conductores de motocicletas, sin distinción, a quienes trabajan honestamente sobre dos ruedas.
Otra vez, sin preguntar, sin dialogar, sin construir soluciones conjuntas.
Es evidente que la LXII Legislatura carece de un liderazgo sensible y atento a la voz del pueblo.
Tras las elecciones de 2024, Morena y sus aliados se quedaron con una mayoría abrumadora de escaños del Congreso. Sobrerrepresentación le llaman.
Lejos de fortalecer la democracia, esta concentración de poder ha servido para clausurar el debate.
Hay un claro divorcio entre los que se dicen “representantes populares” y los ciudadanos.
Colectivos, organizaciones, ciudadanos de a pie exigen apertura, respeto, participación real. No discursos. No simulaciones.
La 4T presume que «con el pueblo todo, sin el pueblo nada». En Puebla, convendría que esa frase se volviera práctica y no propaganda.
Sin embargo, desde el Legislativo la mayoría absoluta de Morena actúa con desdén y de espaldas a quienes dicen representar.
Imponer sin escuchar no es legislar. Es mandar. Y el Congreso de Puebla no está para mandar, está para servir. @noticiasreportero





