Por Carlos Clemente
Morena lo hizo nuevamente. Con su mayoría en el poder Legislativo aprobó la desaparición del Coneval, el organismo que durante casi dos décadas se encargó de medir de manera técnica, objetiva y autónoma los niveles de pobreza en México.
Ponía lupa a los programas sociales y decía si estaban sirviendo o no. Pero al partido en el poder no le gusta la autonomía, ni los datos duros, fríos, que muchas veces desmienten el discurso oficial.
Sus funciones pasarán ahora al INEGI. El problema es que el INEGI sabe contar personas y levantar encuestas, sí, pero no tiene la experiencia para evaluar políticas sociales ni detectar si el dinero público está bien invertido.
Sin esa medición autónoma e independiente, ¿quién va a decir si los programas contra la pobreza funcionan o no? Lo que viene ahora es abrir la puerta a datos a modo, maquillados. Reducir la pobreza por decreto, no por resultados reales.
El argumento del “ahorro” es engañoso. El presupuesto del Coneval era mínimo comparado con los más de 1.7 billones de pesos que se destinan cada año a desarrollo social.
La 4T también ha decidido desaparecer otros órganos autónomos como el INAI, la Cofece y el IFT. La estrategia es clara: eliminar contrapesos incómodos y concentrar el poder. No se trata de mejorar, sino de controlar. Eliminar evaluadores es siempre una mala señal en cualquier democracia.
Perder al Coneval es perder una pieza clave del sistema de rendición de cuentas. Lo que viene ahora es el terreno fértil para la opacidad, el uso político de los programas sociales y el debilitamiento de los controles ciudadanos.
En resumen: desaparecer el Coneval es un error de fondo, ¿cómo saber ahora si el dinero destinado a combatir la pobreza realmente está cambiando vidas… o sólo ganando votos? @noticiasreportero





