Por Jesús Ramos
Cosas muy feas, terribles, dijo doña Rosario Orozco en la súper carta que publicó ayer en sus redes sociales, fue tan extensa que rondó los 50 mil caracteres, quizá 60 mil.
En letras suyas lastimó honras, figuras políticas, personajes públicos, con espada de fuego quemó la Legislatura local pasada, toda, por negociar posiciones y beneficios utilizando como moneda de cambio la muerte de don Miguel Barbosa.
Comprenderla es difícil, crucificarla por lo que dijo fácil, el destino la expulsó del poder a ella y los suyos cuando estaba encaramada en la cúspide de este con dos años por delante.
Su dolor fue doble, perder a su compañero de vida y la influencia que poseía en ese entonces en el estado de Puebla, escribirlo no cuesta, aceptarlo debe ser traumático, incomprensible incluso, la primera dolencia debió ser mayor que la segunda.
La paz interna no es algo dulce de alcanzar, tiene veredas intrincadas, lograrla se refleja en el comportamiento, expresión facial, ademanes, palabras y por lo que externó en su amplísima carta doña Rosario le costará trabajo llegar a ella, se puede claro con oración.
Puebla cambió con la muerte de Barbosa, fue otra, el silogismo de la 4T o cualquier otro sale sobrando, cuando los gobernados perciben un mejor estado de bienestar con mandatarios distintos a los que agotaron su turno, que fue lo que ocurrió, la Cuarta Transformación en realidad es apenas una banal expresión política, electorera, retórica pura, argumentarla es intrascendente.
Doña Rosario (convencido estoy) es una buena persona, sin rencores, de gran corazón, lo que pasó fue que el maldito destino nos la apartó del poder cuando todavía le restaban par de años por delante en Casa Aguayo, tiempo suficiente para convencer a los poblanos de su nobleza, gran corazón y honradez, por supuesto. @DiarioReporter





